En el escenario de tener de las menores tasas de pruebas para detectar SARS-CoV 2 en el mundo, tenemos que conformarnos con las cifras de casos confirmados por la Dirección General de Epidemiología para los casos de contagio y con las cifras de mortalidad que reportan los Hospitales COVID de aquellos pacientes que fueron confirmados positivos por esas mismas pruebas, o sea, vivimos un escenario en donde debemos suponer la verdadera magnitud epidemiológica al multiplicar esas cifras por algún factor; la Secretaría de Salud dijo que entre 8 y 12 y otros expertos dicen que puede ser hasta 50. Como la Secretaría de Salud ha dejado de ser una fuente confiable, si multiplicamos los 40 mil casos positivos registrados por 50, tenemos 2 millones, lo cual representa una cantidad aún mayor que la registrada en EEUU, país en el que la tasa de pruebas supera por centenas la de México. Si multiplicamos por 50 los 4,500 fallecidos, tenemos 250 mil, lo que representa un número equivalente al de EEUU.

En Suecia, un país de 10 millones de habitantes con una tasa de enfermedades concomitantes menor a la que tenemos aquí, con un sistema de salud con calidad,  optaron por la estrategia de “inmunidad de rebaño o inmunidad colectiva”, es decir,  que se contagie la mayor cantidad de personas posible en la primera ola y así sucesivamente en las demás para que cada vez haya menos personas susceptibles de ser infectadas, hacer más lenta la transmisión y eventualmente tener al COVID-19 como una enfermedad estacional, como estamos acostumbrados ahora a tener a la Influenza. Así, no detuvieron la marcha del país, siguieron asistiendo a la escuela, siguieron trabajando y la economía continúa funcionando, con medidas que llaman de “demostración de civismo” que consisten en distanciamiento, sanitización, pruebas de detección y asilamiento en quienes presentan síntomas de la enfermedad. La complicación ética de esta estrategia es que, al permitir una amplia diseminación de la enfermedad, la tasa de mortalidad es previsiblemente mayor: efectivamente Suecia tiene una tasa cuatro veces superior a la de los demás países escandinavos; una estrategia así necesita de una sociedad con madurez social e igualitaria.

En México, por lo que he podido entender, suspendimos una gran lista de “actividades no esenciales”, aislamiento voluntario, sanitización y distanciamiento social, lo cual ha tenido diversos múltiples resultados negativos y para no confundirnos con demasiadas cifras,  implicará frenar la economía al grado de que se proyecta una disminución del PIB de 7.5% para este año y el inicio de una recesión que tomará varios años resolver, algo que este país no conocía desde la Gran Depresión del principio de la década de los 30’s en el siglo pasado. Claramente nuestra estrategia de afrontamiento tiene muchas deficiencias estructurales:

  • la primera, empezamos tarde su implementación, por lo menos 2 meses tarde, lo cual se traduce en una extensión en la duración de la crisis sanitaria,
  • la segunda, para monitorizar la emergencia sanitaria, decidieron utilizar el modelo de los Sitios Centinela (alrededor de 450 centros distribuidos en la República validado y con capacidad de hacer pruebas para detectar Influenza Estacional y escalados para hacer la prueba PCR para detección de SARS-CoV2); es decir, un modelo no validado para COVID-19 y que ya no es aplicable en la etapa de regreso a la actividad y en la segunda y subsecuentes olas de infección,
  • la tercera, no hemos invertido en pruebas masivas para detección de casos y seguimiento de contactos para su aislamiento selectivo, o sea, hemos navegado y seguiremos navegando esta crisis sanitaria y la económica que ya comienza, sin visión, sin brújula y sin saber la verdadera magnitud de lo que estamos enfrentando,
  • la cuarta, ante la falta de previsión, se ha improvisado con un criterio de prioridad: tratar de mantener una imagen artificial de una administración ineficiente,
  • la quinta, para regresar a la actividad productiva, sin una adecuada base de pruebas, tanto de detección de coronavirus como de detección de anticuerpos (para los que ya se infectaron y son inmunes); seguimos con la famosa lista de actividades esenciales y sin visión ni brújula,
  • y la sexta, la separación entre lo que la autoridad dice y lo que la sociedad hace, producto de un liderazgo preocupado más en sacar a flote su imagen, que manejar en forma eficiente su responsabilidad en esta crisis sanitaria y económica.

Las anteriores reflexiones son necesarias para empezar las consideraciones de la siguiente etapa de esta tragedia sanitaria y económica, que todos vamos a tener que vivir y con profundas consecuencias en nuestra cotidianeidad, nuestra salud física y mental, nuestras relaciones interpersonales y nuestra realidad social, económica y política, mismas que me permitiré disertar en las siguientes semanas, por lo pronto, excelente semana en familia, cuídense y que la esperanza nos acompañe a tod@s, saludo cordial, HD.

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