Son múltiples los esfuerzos de investigación para el desarrollo de vacunas para inmunizarnos contra el SARS-CoV 2, virus que produce la enfermedad COVID-19. Dos han tenido especial atención en medios en los últimos días: una de la empresa farmacéutica de nombre MODERNA en EEUU y otra por el gobierno de China. Ambas han pasado exitosamente la Fase 1, es decir, la primera de las fases de seguridad por las que tienen que pasar los fármacos en experimentación para uso humano.
Son tres las fases de ese proceso de desarrollo clínico: la Fase 1 es en la cual se experimenta con Voluntarios Sanos y cuyo objetivo principal es establecer su seguridad y empezar a conocer el efecto que nuestro organismo produce, como se trata de una vacuna, se mide la producción de anticuerpos resultantes, el número de sujetos es del orden de decenas; la Fase 2 es en la cual se empieza a medir en población en riesgo y tiene como objetivo adicional entender cuál es la dosis necesaria, además de seguir midiendo seguridad, el número de sujetos es del orden de centenas; la Fase 3 es en la cual se miden eficacia y seguridad en un número de sujetos del orden de miles para poder hacer las estimaciones estadísticas hacia cómo se comportaría esta vacuna si se aplicara en forma masiva a toda la humanidad. Al término de estas 3 fases, se somete a una autoridad regulatoria para que analice toda la información producida y sancione si aprueba o no la vacuna para uso masivo.
El proceso sintetizado en líneas arriba, aún en las condiciones de emergencia actuales, debe llevar entre 6 y 9 meses, más la revisión regulatoria. A lo anterior, debe agregarse el proceso de manufactura de 7 mil millones de dosis para poder vacunar a todos los seres humanos. Siendo optimistas, podremos recibir la dosis de vacuna necesaria en un rango entre 9 y 12 meses más; si somos conservadores en la estimación, puede ser más de un año.
Es fundamentándome en las anteriores consideraciones que inicio la reflexión de nuestra nueva cotidianeidad cuando empecemos a salir del aislamiento en las próximas semanas. Un elemento de movilidad esencial en la modernidad de las ciudades es el transporte público, pero ahora este representará un medio de potencial contagio al no poderse aplicar en él ninguno de los principios de la sana distancia, al ser masivo en el orden de millones de personas transportadas al día, la sanitización será un reto, al grado de que por disciplinada que sea, siempre será relativa. La mayor parte de las personas en nuestras ciudades se transportan en medios públicos, por lo tanto, solo por este factor, las olas de reinfección son previsibles y harán obligatorios los procesos de sanitización al entrar las personas en cualquier lugar cerrado. Es en los lugares cerrados se podrán mantener los principios de la sana distancia manteniendo un número máximo de personas en su interior, así que debemos acostumbrarnos a las filas como parte de nuestra cotidianeidad. Un punto aparte aquí son los elevadores, en los que se presenta el mismo fenómeno del transporte público, así que todo aquel que pueda evitar el uso de un elevador, tendrá menos posibilidades de contagio, pero deberá ejercitarse aeróbicamente en consecuencia, redescubriendo las escaleras hasta cierto nivel de altura, porque más de 5 ó 6 pisos varias veces al día necesitará de una condición atlética a toda prueba.
Parte de la imagen pública será ahora el tapabocas que se exige como necesario desde que se sale a la calle. Prefiero la acepción que usamos de esta palabra en español a la que se usa en inglés, con la palabra “mask”, que equivale a máscara de nuestro idioma, lo que implicaría salir “enmascarados”; como sea, cubrir nuestra boca y nariz por varias horas al día no es algo a lo que estamos acostumbrados y será un reto para muchos. Cuando regresemos al consultorio, me quiero imaginar no poder saludar de mano a mis pacientes y tener la consulta, ambos, con nuestros tapabocas. En fin, las anteriores son reflexiones sobre lo que implicará un concepto y hecho fundamental al que debemos adaptarnos por el próximo año: la distancia física entre nosotros, algo necesario debido a la forma de transmisión del COVID-19 y que condicionará nuestra convivencia por lo menos durante un año y probablemente implique cambios de largo plazo en la manera de relacionarnos.
Seguiré en las próximas entregas disertando sobre las formas en las que visualizo los cambios que producirá esta pandemia en nuestra cotidianeidad. Les deseo una excelente semana, saludo cordial, HD.
