En forma objetiva, podemos esperar procesos masivos de vacunación anti-SARS CoV2 en el rango de un año, debido a ello, nuestra nueva realidad va a implicar mantener las acciones de sanitización, limpieza, uso de cubrebocas y distanciamiento. Cuando las pensamos en términos de nuestra cotidianeidad, debemos prever los potenciales efectos que pueden tener en nuestra salud mental, porque si no generan hábitos saludables y adaptativos, tienen la potencialidad de generar síntomas.
Hacer una fila para entrar al super, al banco, usar un cubrebocas por horas, lavar las manos al entrar y salir de un lugar, solicitar que las personas provenientes del transporte público tengan un proceso de sanitización especial, usar el menor dinero en efectivo posible, reuniones con un número máximo de personas y gran cuidado a quien se invita, sin cines, sin teatros, sin museos, con restaurantes atendidos por meseros con cubrebocas, con guantes, sin menú, con una carta genérica a la entrada y con distancia de dos metros entre las mesas; sin escuelas, por lo menos hasta agosto; con especiales cuidados y distanciamiento para los que deban tomar un avión o viajar en autobús y un largo etcétera.
Ante un escenario así, las personas debemos preparemos emocionalmente para contender con un escenario que afectará muchas sensibilidades ante circunstancias que se suceden unas a otras y cuyo común denominador es el miedo al contagio.
En el tiempo que estamos por vivir, necesitamos desarrollar las defensas que nos permitan racionalmente aprender a convivir con medidas de seguridad y el riesgo que implica poderse contagiar aún a pesar de ellas, no es una realidad sencilla y va a implicar procesos de adaptación de parte de todos.
Una comunicación siempre abierta de nuestras emociones con las personas cercanas nos permitirá monitorizar la intensidad con la que estamos viviendo la experiencia y estar alertas ante signos de adaptación o de enfermedad, pero más relevante aún es lo que nos cambiará como seres sociales y lo que modificará en nuestras personalidades hacia el futuro.
No hablo solo de las recomendaciones para tener hábitos más sanos y cuidar nuestra salud, pongo sobre la mesa lo que está modificando nuestro análisis crítico de la realidad y de toda la información que recibimos de ella, la consciencia de que debemos ser más participativos como ciudadanos, de exigir eficiencia y transparencia de parte de quienes nos gobiernan, evitar conductas de riesgo, percatarse de la fragilidad de la vida humana, de la importancia que tiene una apropiada educación, de la importancia que tiene aprender a vivir en comunidad y en construir comunidad, la importancia de entender la diversidad en las opiniones y de las circunstancias de los demás, del valor de la familia y de la compañía, el valor del tiempo y de la libertad, el valor de las comunicaciones digitales, es decir, de todas aquellas experiencias a las que hemos estado expuestos durante un par de meses en forma intensiva.
La transición a la nueva realidad no será sencilla, tendrá pasos sucesivos de adaptación y evolución y modificará nuestra conducta y hábitos para siempre, una experiencia como la que hemos tenido como humanidad debe transformarnos para ser mejores seres humanos individual y socialmente, así como para convivir en una forma diferente y sostenible con la naturaleza.
Una crisis como la que estamos pasando expone lo mejor y lo peor de lo que somos, lo que exige de nosotros tomar una decisión en relación a lo que queremos como nueva realidad, ese es el nivel de importancia que tiene el tiempo de vulnerabilidad que aún vamos a vivir.
Les deseo una excelente semana de regreso a la nueva realidad, saludo cordial a tod@s, HD.

FOTO: FORBES