La historia de la humanidad tiene varios puntos de inflexión histórica que condicionan la tendencia que hemos seguido como especie. Nuestro descubrimiento de la capacidad de producir herramientas de piedra condiciona nuestra “Edad de Piedra” y así sucesivamente con el bronce y el hierro, cuando descubrimos como manipular las aleaciones de metales. Alrededor de los 10,000 años antes de Cristo descubrimos la agricultura, dando por terminado nuestra tradicional forma de vida como cazadores y recolectores e iniciando nuestra organización tribal, después social, la formación de ciudades, imperios y sucesivamente hasta las modernas democracias, aún con muchas circunstancias por mejorar.
Los tiempos entre esos diferentes puntos se contabilizan en miles de años; como veíamos en la entrega anterior, en 1983 nace Internet en forma cerrada y en 1991 en forma abierta y 29 años después, henos aquí, con identidades digitales.
Les relato un ejemplo extraordinario de adaptación de un país europeo ante la caída de su modelo económico, social, ideológico y político, cuando en 1989 cae el Muro de Berlín y la URSS se empieza a fragmentar hasta desaparecer.
Estonia era uno de los pequeños países de la Unión de Repúblicas Sociales Socialista que vivía esencialmente de la “beca” que dicha unión le proporcionaba, su producción era de autoconsumo, su nivel educativo mediocre y todos los ciudadanos vivían directa o indirectamente del Estado. Podremos imaginarnos el nivel de sorpresa y desesperación con la que recibieron la noticia de la desaparición de la URSS y de su “beca”. Gobierno y ciudadanos tomaron una decisión totalmente contraintuitiva para su realidad socialista, decidieron que debían ponerse a producir, que deberían seleccionar los medios que permitieran un crecimiento de largo plazo, con creación de infraestructura de calidad, con mejoría de su sistema de educación y salud, que les permitiera ser independientes y, sobre todo, que les permitiera disminuir el gasto más importante e improductivos que tenían, es decir, el tamaño de su burocracia.
Era el tiempo del inicio de Internet abierto, entendieron la oportunidad y tomaron los riesgos de una decisión planeada y adoptada por toda la sociedad. Ahora, Estonia es un país de ingresos medios, con una burocracia al mínimo, que ha mejorado sus niveles de vida, educación, salud y tiene un futuro independiente y propio. Con orgullo expresan que los únicos trámites que un ciudadano debe hacer en forma personal son cuando se casa o se divorcia o cuando compra/vende una propiedad, de ahí en fuera, absolutamente todo trámite en donde interviene el gobierno es por vía digital y, con lo anterior, los niveles de corrupción en Estonia son de los menores del mundo. Tienen de los mejores niveles de encriptamiento y seguridad de datos del mundo y son una sede importante para iniciar negocios digitales con una dirección virtual y física en Estonia, independientemente del país del mundo en donde se lleven a cabo físicamente.
Es un país de 1.3 millones de habitantes, pero un experimento social de éxito utilizando la nueva realidad digital en forma disciplinada y por consenso y un modelo a seguir cuando meditamos en los extraordinarios retos que la pandemia de SARS-CoV2 ha impuesto en el mundo.
Debemos preguntarnos, ¿cómo estamos cada uno de nosotros integrando la realidad digital en nuestras vidas? ¿Lo estamos haciendo por inercia, por necesidad o por una combinación de ambas? Siendo así, debemos meditar en que no estamos entrando en la realidad digital en la forma más adaptativa y sana; siempre será mejor hacerlo en forma propositiva, con objetivos claros, con la intención de alcanzar metas específicas y en tiempos razonables. De ello dependerá que la realidad digital trabaje para nosotros y nuestra mejoría; o que nos avasalle y nos integre a la tendencia de corporativos que determinen y condicionen cómo debiéramos organizarnos, vivir, pensar y consumir.
Que lo anterior alimente tus reflexiones, seguiremos disertando sobre el tema digital y nuestra nueva realidad, que tengas una excelente semana, salud cordial, HD.

En mi caso particular, entrar a la nueva realidad digital es una necesidad. Cómo maestra en tiempos de confinamiento, no tengo otra vía de estar en contacto con mis alumnos y mis compañeros. The show must go on. Afortunadamente, he tenido la oportunidad de adaptarme poco a poco a las nuevas herramientas digitales para la enseñanza, mientras que a muchos otros maestros se les aventó prácticamente al agua fría en un tiempo demasiado corto, a pesar de no saber nadar bien.
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