Empecemos con el hecho de que somos más de 7 mil millones de seres humanos sobre el planeta, eso es un 7 con nueve ceros a la derecha. Nuestra conducta reproductiva junto con el proceso de civilización que ha incrementado la expectativa de vida a más de 75 años en promedio, hace que nuestra especie tenga que invadir ecosistemas en los que nunca habíamos estado en toda la historia del planeta y, por lo tanto, tengamos contacto con especies con las que no se supone que debiéramos; sus virus, bacterias y parásitos van a encontrar como una ventaja evolutiva el poder infectar a los seres humanos y usarlos como vector: implica 7 mil millones de alternativas de sobrevivir y ser distribuidos por todo el planeta rápidamente a través de las intercomunicaciones que hemos desarrollado.

Sigamos con componentes cognitivos de nuestra conducta, como es el caso de las personas que “normalizan” la existencia de enfermedades transmisibles, generadoras de epidemias y pandemias, me refiero a la Salmonelosis, a la Brucelosis, al Dengue, al Zika, al Chikungunya, a la Malaria, a la Difteria, a la Fiebre Amarilla, a la Tuberculosis, a la Enfermedad de Chagas, al Ébola, VIH, al Cólera, al Sarampión, a los diversos tipos de Influenza, al SARS, al MERS, a la COVID-19 y a un largo etcétera. Seguro estoy de lo sorprendido que te sientes al leer esta lista que no tiene nada de exhaustiva, es una larga lista de enfermedades transmisibles, cada una, con la potencialidad de generar una epidemia. Cuando una persona “se acostumbra” a vivir con una enfermedad transmisible, puede empezar con conductas de negación y decir que la enfermedad no existe, argumento muy infantil que sirve para decir que, ante la impotencia, me defiendo negando la realidad; parte de los resultados nefastos de una conducta así, son las inconsistencias en el cumplimiento de las medidas sanitarias de contención, la continuación de los contagios y el mantenimiento de la epidemia o contribuyen a que se hagan enfermedades estacionales.

Mención aparte son las personas que por diversas razones deciden no vacunarse ni vacunar a los suyos; los menos, llevan a cabo esta conducta por miedo e ignorancia; los más, la llevan a cabo en forma propositiva, usando como justificaciones información en redes sociales sin fundamento y prejuicios ideológicos a los que se agrega una necedad absurda que deforma los hechos científicos acerca de las vacunas al grado de hacerlas supuestas causa de enfermedades o herramientas supuestas del control de corporaciones o gobiernos sobre el ser humano. Estas personas terminan careciendo de la inmunidad que portan los que sí se vacunaron y se convierten en vectores de esas enfermedades, continúan con los contagios y el mantenimiento de las epidemias o contribuyen a que se hagan enfermedades estacionales.

Sí, vaya que la conducta humana está detrás de las epidemias y pandemias, a pesar de las experiencias sanitarias históricas que hemos padecido, en donde la mortalidad ha sido masiva, baste mencionar en nuestra historia moderna el ejemplo de la llamada “Influenza Española”, pandemia que padeció el planeta durante la Primera  Guerra Mundial y que mató más personas que la propia guerra en sí, tanto civiles como militares, niños a ancianos, en todos los países y en todas las clases sociales, sin distinción.

Si vamos a ser tantos seres humanos juntos en este planeta, debemos empezar a repensar la influencia profunda que tiene nuestra conducta en el planeta y en nuestra propia evolución. Solo en los 20 primeros años de este siglo llevamos 2 pandemias (SARS en el 2003 y COVI-19 en 2019) y 2 epidemias (MERS en el 2013 y Ébola en el 2015), con las consecuencias sanitarias, políticas, económicas y sociales que tiene aparejadas y siendo la actual, las más graves de la historia moderna. Es claro que las enfermedades transmisibles han escalado a una relevancia que no debieran tener y que la plataforma que les ha dado esa posibilidad es tanto la conducta humana, como el número que somos sobre el planeta.

En descargo de la situación, debo mencionar que la herramienta que pondrá esa situación en orden otra vez, es la conducta humana también. Por supuesto que tenemos esperanza, pero no se dará en automático, sino como parte de nuestro proceso de civilización, habida cuenta de que nuestra conducta promedio como grupo o masa en temas sanitarios, sigue teniendo mucho de componente Neandertal y necesitamos actualizarla a Homo Sapiens Sapiens, si realmente deseamos sobrevivir con un número tan grande de individuos.

Vamos a seguir disertando sobre estas líneas en las siguientes Entregas, por lo pronto, mi mejor deseo para una excelente semana, saludo cordial a tod@s, HD.

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