La semana previa disertamos sobre los temas de salud y educación en cuanto a derechos, responsabilidades, cómo los afecta el concepto de gratuidad y la necesidad de un nuevo pacto social, en esta Entrega vamos a integrar estos temas con nuestra conducta, nuestras emociones y nuestros compromisos personales y sociales.
Los derechos contemplados en la Constitución necesitan múltiples factores para ser llevados a la realidad, además del financiamiento, uno fundamental es el llamado “pacto social”, que establece cómo las diferentes partes colaboran entre sí para que los derechos sucedan como son mandatados en la Constitución.
En el pacto social del México moderno, solo se cumple en la circunstancia de un Estado que otorga y brinda lo necesario para que esos derechos se cumplan de acuerdo a su interés particular de mantenerse en el poder, dejando en claro a lo largo de toda nuestra historia postrevolucionaria, que los derechos contemplados en la Constitución se cumplen en forma discrecional, lo que abona a la enorme inequidad y desigualdad que caracteriza a nuestra sociedad y que la pandemia por SARS-CoV2 ha evidenciado e intensificado como pocos eventos en nuestra historia reciente.
En entregas anteriores se ha mencionado que la sustentabilidad financiera de nuestro sistema de salud no se entiende dentro de una lógica financiera, es decir, hacer más con menos en un sistema donde los costos son incrementales solo lo llevará a un deterioro en el tiempo, por lo que, en lo personal, no espero grandes resultados de todo lo prometido, y por los cambios y movimientos que se es posible observar en el Sector Salud, no veo cómo lo vayan a integrar en el tiempo, es decir, cómo resuelvan el defecto más importante de este sistema, su fragmentación.
Hemos leído en entregas previas que los mexicanos pagamos de nuestros bolsillo la mitad de lo que se gasta en salud en el país, el Estado paga por la otra mitad, y debemos prepararnos para seguirlo haciendo porque cualquier incremental de recursos que vaya a tener el Sector Salud será para la población sin seguridad social y todos los que sí la tienen, seguirán siendo atendidos con los mismos recursos con los que hasta ahora cuentan; de hecho, estará a prueba si el gasto de bolsillo de la población sin seguridad social realmente disminuirá.
Como sea, la nueva tendencia del Sistema de Salud en México y en el mundo es la prevención, lo que al final de cuentas implica necesariamente depender de nuestra conducta, dado que prevención es equivalente a conducirse con las acciones necesarias para evitar los factores de riesgo que llevan a desencadenar el inicio de una enfermedad, sobre todo crónica, sumada la genética individual condicionante. Por lo anterior, nuestra conducta y emociones adquieren una relevancia fundamental, de hecho, son el punto de confluencia del individuo con esta intención de salud pública. La pandemia que vivimos ha puesto a prueba nuestro funcionamiento conductual dado que las acciones de sanidad para prevenir el contagio dependen de nuestra conducta, mientras las llevemos a cabo, las cifras se controlan y empiezan a bajar, cuando las relajamos el rebrote se hace evidente. Las cifras de mortalidad son otra cosa, porque dependen de nuestras comorbilidades, de la oportunidad con la que acudimos a un hospital y de la calidad con la que somos atendidos en ellos.
Por las anteriores consideraciones, es el momento de la Resiliencia, es decir, esa capacidad natural que todos tenemos para enfrentar la adversidad en forma positiva y recuperarnos para seguir con nuestras vidas. El hastío y el cansancio ante esta prueba que se mantiene en el tiempo, junto con los sucesos cotidianos que confrontan a la esperanza, son un reto para esta capacidad y al mismo tiempo, son la mejor oportunidad de ponerla en práctica y fortalecerla; la prevención en salud y junto con ella, la prevención del contagio de COVID-19 implica un esfuerzo individual como su base fundamental.
Si meditamos en todos los argumentos anteriores, la implicación es fundamental, dado que devuelve el control de los problemas de salud del Estado a la persona, donde siempre debieron haber estado, nadie va a lograr por nosotros lo que debemos hacer por nosotros mismos; la salud en general y la salud mental en particular en el siglo XXI, son una responsabilidad de cada uno de nosotros, sea en el lado de la prevención o en el lado del tratamiento, el Sistema de Salud debería ser solo la herramienta para lo primero o lo segundo.
Vamos a disertar sobre la resiliencia en la siguiente Entrega, con las anteriores reflexiones para la semana les deseo lo mejor, saludo cordial a tod@s, HD.
