La pandemia que vivimos ha desafiado todos los cimientos de nuestra civilización y una buena parte de ellos no han podido enfrentar en forma eficiente el reto. Es claro que los diferentes tipos de gobierno en el mundo han tenido diferentes resultados en la protección a sus poblaciones y en la protección a sus economías, en general, los que han protegido ambas, han tenido mejores resultados, como se puede observar en la figura adjunta del sitio “Our World in Data” (https://ourworldindata.org/), independientemente que los países tengan un gobierno centralista o democrático, asiático u occidental.

Vaya que existen adversidades y circunstancias que producen dolor, físico y emocional a lo largo de la vida y la actual experiencia pandémica nos proporciona el campo apropiado para estas reflexiones.
El constructo de resiliencia fue publicado en 1999 por el Paido-Psiquiatra Michael Rutte basándose en el concepto de la Metalurgia que describir la capacidad de algunos materiales de recobrar su forma original después de ser sometidos a una presión casi deformante. Lo empezó a usar como un constructo relacionado a la resistencia de las personas que demuestran una resistencia ante adversidades psicosociales, luego, ha sido ampliamente utilizado para fines explicativos de las reacciones individuales ante la adversidad, generando una plataforma de usos aplicables a varias dimensiones de la experiencia humana. La podemos definir en forma didáctica como la combinación de factores que permiten a una persona enfrentar y superar las adversidades, construyendo sobre ellas generalmente en sentido positivo, pero siempre siendo variante en el tiempo, es decir, no siempre teniendo un final feliz.
Implica una acción dinámica entre factores sociales de riesgo o protectores y factores individuales en la personalidad y en la genética. Sus dos componentes: capacidad de resistir la adversidad y capacidad de construir sobre ella, no siempre van juntas, ni se siguen en el tiempo y no siempre son exitosos, generando fenómenos como la “normalización”, en donde las personas nos acostumbramos a convivir con los fenómenos adversos, como la violencia, como la pobreza, como la corrupción y como tantas otras circunstancias a las que no debiéramos adaptarnos, sino perseverar hasta solucionar para tener una mejor realidad y crecer tod@s.
Mientras ambos componentes lleven a una visión de esperanza y a un objetivo de adaptación, satisfacen necesidades de vida e implican incluso crecimiento espiritual, cuando lo anterior no se cumple, producen y mantienen comportamientos patológicos, tanto individuales como sociales.
Gandhi decía a su pueblo que el dolor es consubstancial a la vida, pero el sufrimiento es opcional, es decir, en este último interviene la forma de reacción y decisión que realice el individuo y debiéramos reflexionar en las reacciones que cada uno de nosotros y de nuestras familias estamos teniendo en las presentes circunstancias, porque no debemos permitir normalizar la adversidad; debemos responsabilizarnos en tener una reacción positiva y creativa, de ello depende salir fortalecidos de una crisis mundial como ésta, siendo mejores personas y estructurando mejores sociedades.
Vamos a extendernos en el tema de resiliencia y nuestra cotidianeidad en México en las siguientes entregas, por lo pronto, con las anteriores reflexiones le deseo una excelente y productiva semana, saludo cordial a tod@s, HD.
