La serie de circunstancias que esta pandemia está condicionando hace necesaria una reflexión sobre la manera en la que nuestra resiliencia se encuentre manifestando y apoyándonos a enfrentar la adversidad y construir sobre ella. La serie de precisiones sobre el tema en la Entrega anterior serán de mucha utilidad a quien inicie su lectura esta semana.

El estrés cotidiano de la vida hace necesaria una capacidad emocional, cognitiva y conductual que permita contender con ello, a esto llamamos afrontamiento y su función es contenernos y adaptarnos en situaciones como un cambio de escuela, el divorcio de los padres, el nacimiento de un hijo, la pérdida de un trabajo, competir deportiva, educativa o laboralmente o cuando fallece un ser querido.

Cuando esas circunstancias dejan la dimensión de la vida cotidiana e implican adversidad, sobre todo situaciones que se van a mantener en el tiempo, es cuando necesitamos de la resiliencia, para transitar en forma eficaz a través de la adversidad y ser capaces de construir sobre la adversidad alternativas o soluciones. Los ejemplos serían como los desastres naturales -temblores, inundaciones, incendios- que destruyen comunidades y en donde se pierden patrimonios; enfermedades catastróficas que terminan con la vida de la persona y el patrimonio de la familia también; la caída de sistemas sociales, ideológicos y económicos -como lo sucedido después de la caída del Muro de Berlín- ; las experiencias de guerra o como una pandemia que hace necesario detener el mundo, resguardarnos, desafiar a nuestros sistemas de salud y resultar en una crisis social y económica de consecuencias aún por definirse.

Espero haber trazado adecuadamente la línea entre ambos conceptos y de cómo la resiliencia es un concepto que abarca al afrontamiento.

La pregunta esencial es entonces: ¿cómo estoy transitando por este periodo de pandemia y cómo voy a construir sobre esta crisis alternativas y soluciones?

La realidad dejó de ser lo que estábamos acostumbrados a vivir y la razón de este cambio súbito es el proceso de selección natural del que suponíamos estar exentos; nuestra civilización ha sido construida sobre varios pilares y uno de ellos es el concepto de que somos, como especie, el grado más acabado de la vida en este planeta; este concepto ha sido derrumbado por un virus que nos está dando una enorme lección de humildad y nos recuerda que nuestro lugar en el planeta dista mucho de ser la versión más elaborada de las especies y de la vida.

A seis meses de confinamiento voluntario y con una expectativa de entre seis meses a un año para tener al 70% de la población vacunada, tenemos un lapso aún por delante para navegar por múltiples desafíos, lo que debe poner en acción a nuestro primer componente de resiliencia para que resulte en algo positivo con el segundo, que es salir fortalecidos y con alternativas o soluciones.

La finalidad de la resiliencia es llegar a resultados positivos, en sentido individual, para la persona; en el sentido comunitario, para la sociedad, de tal manera que cuando hablamos de alternativas o soluciones, nos referimos a procesos creativos, resultado del procesamiento a través del conocimiento y la experiencia, que debemos poner a trabajar para que podamos colaborar en las características que describirán la nueva realidad después de esta pandemia.

Así que estos tiempos de confinamiento deben motivarnos a la reflexión, debemos convertir el hastío en oportunidad para pensar y crear las nuevas alternativas de nuestro futuro, de nuestras familias, de nuestro país y del nuevo papel de nuestra especie en el planeta.

Vamos a dedicar varias Entregas a la reflexión sobre la creatividad en tiempos de crisis, por lo pronto, les deseo una excelente, productiva y creativa semana, saludo cordial a tod@s, HD.

Foto: Freepik.es

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