Hemos disertado en las últimas semanas, sobre las diferencias básicas y en la Salud Mental entre occidente y oriente desde el punto de vista del individualismo, una característica fundamental de nuestra realidad social actual.
América Latina es un caso especial en occidente en relación a este tema, al grado que los sociólogos llaman a nuestro individualismo agéntico, así que empecemos por definir el significado de este concepto. Agéntico es un anglicismo, proviene de la expresión “agentic state”, que describe lo que sucede cuando el individuo deja de percibirse como responsable de sus actos para percibirse como un instrumento que realiza los proyectos o las órdenes o los deseos de otras personas, especialmente cuando tienen un nivel jerárquico superior, transfiriendo la responsabilidad de sus actos individuales a los superiores jerárquicos.
En América Latina tenemos todavía Estados Centralistas con una estructura de Instituciones aún cuestionables en su mayoría, de tal forma que aunque nuestra representación de las “autoridades” sea legítima al ser democráticamente elegidas, mantenemos una relación emocional ambivalente en cuanto a su papel como autoridad, al grado que dejamos de considerar, con frecuencia, la validez de las decisiones o conductas de dicha autoridad; sin embargo, también tenemos la contraparte, esto es, el seguimiento de los designios de la autoridad en forma agéntica, esto es, sin un análisis crítico y derivando la responsabilidad de nuestras acciones en la autoridad que inicialmente determinó algún tipo de acción o puso el ejemplo. Voy a extenderme en la explicación de lo anterior con ejemplos en México y que nos permitirán entender mejor nuestra realidad actual: antes del 2018, teníamos a una cleptocracia democráticamente elegida, que tenía lemas como “el que no transa, no avanza”, “vivir fuera del presupuesto es vivir en el error” o “político sin dinero es un pobre político”, por lo tanto, el comportamiento de muchos ciudadanos iba en consonancia y se justificaba diciendo que, si lo hacen ellos, ¿por qué no puedo hacerlo yo?. La descomposición social que este comportamiento agéntico provocó está en el fondo de la explicación de la grave crisis social, familiar, educativa, de salud, económica, de seguridad y política que vivimos. La serie de soluciones que la actual administración propone y ejecuta, en forma contestataria y reactiva, se basan en la bandera de no corrupción, pero claramente tienen un origen autocrático, centralista, cuyos objetivos obedecen a su visión de la realidad y se justifican porque buscan el beneficio del “pueblo”, cualquier cosa que dicho concepto signifique; claramente, no han mejorado el tejido social y no han demostrado buenos resultados en ninguna otra esfera relevante de la vida nacional, pero sí relevan de su responsabilidad individual a los mexicanos en mejorar nuestra conducta porque es más fácil derivar la responsabilidad de la actual situación a administraciones anteriores, como si los mexicanos del presente no hubiéramos vivido en ellas y nuestro comportamiento entonces no hubiera abonado a los resultados funestos que ahora vivimos.
Espero que lo anterior ilustre la relevancia que tiene el concepto de individualismo agéntico que caracteriza a América Latina y a México en particular, en donde estamos acostumbrados a encontrar, ante desafíos naturales o sociales, soluciones ambivalentes y altamente individualizadas; así, somos capaces de la más excepcional solidaridad ante los resultados inmediatos de un temblor, donde es innegable la tragedia, donde no cabe justificación o excusa alguna para el drama que se vive; como somos capaces también de elaborar las más peregrinas justificaciones y excusas ante la necesidad de solidaridad en el uso de cubrebocas o de participación en fiestas, en medio de una pandemia que ha provocado la peor crisis en los últimos cien años.
¿Cómo nuestra conducta puede ser influenciada por nuestra realidad social y moldeada al grado de la disfuncionalidad que tenemos actualmente? Los que vivimos las crisis económicas y sociales de los años ochentas y noventas recordamos que este país duró de 1982 al 2000 un periodo en que era muy difícil que un banco prestara a un ciudadano, sí sucedía con empresas que pudieran presentar garantías suficientes, por lo que, durante todo ese tiempo, los ciudadanos y pequeñas empresas dependían del apoyo financiero de las tandas o de los préstamos familiares, en un entorno en que hasta el acceso al crédito social (INFONAVIT, FONACOT, préstamos personales en el trabajo) era limitado. Con una realidad así, el ciudadano promedio se encierra en sí mismo y en la institución que lo apoya y tiende a encontrar soluciones individuales a problemas sociales, convirtiéndonos en unos individualistas muy particulares.
¡Por supuesto que estamos viviendo los resultados de todas esas experiencias!, pero si no comenzamos todos a reconocer nuestra responsabilidad en la producción de la realidad que vivimos y seguimos diluyéndola y trasladándola a otros y a otras épocas, nadie quedará para actuar y cambiar la realidad actual y nuestro futuro será funesto. Los tiempos que nos han tocado vivir necesitan de un individualismo diferente, con mayor involucramiento y con capacidad de solidaridad para enfrentar situaciones extremas en común. Los retos de esta pandemia, la cuarta en los 20 años de este siglo, son un prefacio de la serie de adaptaciones que el calentamiento del planeta nos depara, que también es responsabilidad nuestra, por cierto.
Seguiremos disertando sobre estos temas en las próximas semanas, por lo pronto, mi mejor deseo de una excelente y productiva semana para tod@s, HD.
