Hemos disertado en Entregas anteriores sobre las modificaciones que se pueden vislumbrar para los viajes, el turismo y para el trabajo en la etapa post-COVID 19. Ahora lo haremos sobre la Vida Digital que se ha catapultado como parte de nuestra percepción y relación con la realidad.
El entorno digital es experimentado progresivamente por el humano promedio, a partir de la década de los ‘70s del siglo pasado con la comercialización de las PCs (Personal Computers, por sus siglas en inglés), que permitieron a todo quien podía tener acceso a alguna, tener una experiencia directa con el mundo digital, que era antes exclusivo de Universidades, grandes centros de investigación, corporativos o en algunas instituciones de gobierno. Desde entonces, la capacidad de las computadoras desde el punto de vista de programas y capacidades físicas de velocidad y almacenamiento se ha incrementado en forma exponencial, permitiendo que una computadora promedio en la actualidad tenga mayores capacidades que las utilizadas en los viajes Apolo a la luna. Se agrega a estos logros cibernéticos el internet que inicia en la década de los 90s, derivado de tecnología militar de comunicación y sin el cual no es posible concebir el grado de interconectividad que el mundo tiene actualmente, para bien o para mal. Al final, nos habilita para tener una capacidad gigantesca y cada vez mayor de procesamiento y comunicación de información que permite la generación de una realidad digital, alterna y paralela a nuestra realidad física, con capacidad de complementarla y también de alterarla.
Recuerdo la era de las PCs en los ‘70s, nos decían que esas máquinas iban a cambiar el futuro de la humanidad, que iban a hacer más sencillas nuestras tareas laborales e iban a aumentar la calidad de vida de la humanidad en un momento en que el número de seres humanos en el planeta era de 3,600 millones, es decir, la mitad de los que somos ahora; en México éramos 51.5 millones, o sea un poco menos de la mitad de los que somos ahora (126 millones según el INEGI). Estos números son relevantes en relación a la realidad digital, porque es claro que corre paralela al crecimiento demográfico más acelerado de la historia de nuestra especie, es como si ambas variables se desplazaran en un crecimiento conjunto en volumen y en complejidad, como si hubiera una interconexión en su desarrollo.
Todos tenemos una identidad digital actualmente, y me permito extenderme en este tema: no solo porque la información de nuestra fecha de nacimiento, nuestra dirección o los elementos básicos de nuestro Curriculum Vitae se encuentren en bases de datos, también variables biométricas como nuestras huellas digitales, cara, retina, voz y otras; nuestros gustos, preferencias y ciertas decisiones que es posible detectar a través de sitios de internet o redes sociales; nuestra información bancaria, fiscal y patrimonial; los números de teléfono e identidades con quienes nos comunicamos con frecuencia y con quienes hablamos en forma excepcional; todo lo que escribimos y recibimos en correo electrónico y por los diversos servicios de mensajería; nuestra geolocalización en tiempo y espacio, recorridos frecuentes y excepcionales; es decir, seamos competentes o no en medios digitales, lo queramos o no, todos tenemos una identidad digital que cada vez se complementa con más y más información acerca de cada uno de nosotros.
Observamos entonces ciertas tendencias dignas de reflexión, tales como un incremento a la par en la elaboración y complejidad de la realidad digital conforme la humanidad se hace más grande y compleja, al menos numéricamente. Entendida así, la realidad digital es uno de los productos de las necesidades que nuestro proceso de crecimiento ha ido generando en el tiempo, especialmente en los últimos 60 años; sin embargo, ¿cómo explicar que sólo el 57% de la humanidad tenga acceso a internet y la penetración de dispositivos digitales, en general (laptops, computadoras de escritorio, tabletas, teléfonos inteligentes, etc.) sea del 67%?
Es claro que la experiencia del mundo digital es muy diferente e inequitativa para muchos seres humanos aún, situación derivada de nuestra realidad física e histórica, la cual claramente condiciona a la digital, dado que, al final, es también un producto humano.
Como tal, la realidad digital que hemos generado también es un medio de expresión de pensamientos, emociones, establecimiento de relaciones, promoción de ideologías, de percepciones y, por lo tanto, también tiene la potencialidad de generar patología mental. Nunca como en la actualidad, nuestras emociones y reflexiones podían ser expresadas con tal amplitud y alcance como ahora, con resultados diversos, pero siempre con consecuencias en la esfera de nuestra vida emocional y mental en general. Vamos a dedicar algunas Entregas para entrar en este tema con toda la argumentación necesaria para ser didácticos y ser claros en la influencia que tiene en nuestras vidas.
Por lo pronto, les deseo una excelente y productiva semana, saludo cordial a tod@s, HD.
