Retomando nuestra comunicación escrita después de un tiempo de mucha actividad que me tuvo lejos de la concentración necesaria para hacerlo, mi sincera disculpa por este lapso.
Espero que se encuentren muy bien y asimismo los suyos.
Con los videos de semanas anteriores en la página de facebook, hemos tenido una presentación didáctica de varios temas frecuentes de Salud Mental, por lo que en esta Entrega inicio con la comunicación escrita acerca de la depresión.
El nombre clínico correcto es Trastorno Depresivo Mayor (TDM), dado que el término depresión es del ámbito del lenguaje que usamos comúnmente para referirnos a múltiples situaciones, así, hablamos de la depresión de la Bolsa de Valores, del PIB, del nivel de algún líquido, del nivel de un terreno y así sucesivamente; es una palabra de origen latino (depressio, que significa hundimiento, apretado, hundido, comprimido) y que no debe usarse para referirnos a la enfermedad.
Cuando de un conjunto de signos y síntomas conocemos la causa y el proceso, le llamamos enfermedad y es el punto en el cual podemos aplicar la metodología científica para encontrar uno o varios tratamientos para la misma, sea para paliarlos o para curarlos. El TDM es una enfermedad de la que conocemos las causas y los procesos que la producen, la perpetúan y aquellos que la complican. Vamos a tocarlos en detalle para comprenderlos a cabalidad.
Lo primero es definir el término TDM, por lo que es importante saber que la definición es a través de un cuadro de signos y síntomas que deben estar presentes por un periodo de dos semanas como mínimo y deben afectar el funcionamiento previo de la persona en forma clínicamente importante. Los síntomas más importantes son la afectación del interés del paciente en aquellas actividades/tareas/circunstancias que antes le daban satisfacción y recompensa (técnicamente se llama anhedonia -del griego a/an (falta de) y hedoné (placer)-, junto con una disminución en el Estado del Ánimo, que debe entenderse como una baja global de nuestra vida emocional y sentimental, un estado de “apagado” de nuestras emociones y sentimientos. No lo llamé tristeza, porque ésta es una emoción de las llamadas básicas y es una experiencia humana universal que no debe de confundirse con el síntoma de disminución en el Estado del Ánimo: todos experimentaremos tristeza en nuestras vidas, pero no todos vamos a desarrollar un TDM. Ambos síntomas nos permiten entender el núcleo de la enfermedad porque nos permiten entender por qué un paciente deprimido experimenta que su voluntad deja de funcionar, porqué deja de buscar lo que le recompensa, porqué el mundo empieza a tener una connotación gris, lo ve cuesta arriba y a veces catastrófico; asimismo, nos permite entender por qué la esperanza se apaga en forma progresiva.
En el terreno físico, a los dos síntomas cardinales mencionados en líneas arriba, se agregan síntomas por afectación específica de funciones del sistema nervioso involuntario: insomnio, disminución/aumento de apetito, ansiedad (boca seca, tensión muscular, incremento de frecuencia cardíaca y presión arterial), síntomas físicos dolorosos, fatiga y frecuentemente se agravan las enfermedades concomitantes que el paciente padeciera.
En el terreno cognitivo -por el cual procesamos la información que entra por nuestros sentidos para entenderla, para elaborar nuestras conclusiones y establecer nuestras acciones-, también se presentan síntomas como, por ejemplo: distracción (que frecuentemente se reporta como problemas de memoria sin serlo), indecisión, falta de confianza en las propias capacidades, baja autoestima, ideas de culpa, pensamientos negativos, una concepción negativa del mundo y del futuro, con un largo etcétera.
Con un cuadro clínico con síntomas cardinales, con síntomas físicos y cognitivos, un paciente con TDM se relaciona con la realidad en forma categóricamente diferente, porque ya no piensa, ni siente, ni se conduce como acostumbraba: su cerebro funciona en forma diferente. Aquí es donde se da la frontera entre la experiencia cotidiana y la bioquímica del cerebro, una relación muy importante que me permite explicar por qué un paciente deprimido no debe recibir una psicoterapia como tratamiento inicial, sino que necesita un manejo antidepresivo y cuando las funciones cerebrales empiezan a mejorar, es cuando puede beneficiarse de un proceso de psicoterapia, es decir, necesita recuperar su voluntad, energía vital, dormir y descansar en las noches, alimentarse adecuadamente, recuperar esperanza, cambiar a una actitud positiva, recuperar su cognición y motivación para que pueda beneficiarse de una psicoterapia.
Espero que los conceptos anteriores hayan sido claros, mi intención es transmitir la complejidad de la salud y la enfermedad mental a conceptos didácticos que todos puedan entender, cito esa frase anónima: “todo lo que se comprende es bello” y me motiva que todos lo que me hacen el gran favor de leer estas líneas las entiendan y puedan encontrar en los conceptos expresados una utilidad para sus vidas y las de los suyos; la próxima semana continuamos con el tema del TDM, un saludo cordial y una excelente y productiva semana, HD.
