La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Asociación Internacional del Alzheimer (Alzheimer Disease International, o ADI), han establecido al 21 de septiembre como el día para reflexionar sobre esta enfermedad, se estableció a partir de 1994.
En el mundo alrededor de 47 millones de personas padecen Demencia y entre ellas, alrededor del 70% tienen la Enfermedad de Alzheimer, dejando en claro que se trata de la forma de Demencia más frecuente. En México entre 12 y 13 millones son Adultos Mayores, es decir con 65 años de edad o más y entre 900 mil y un millón padecen demencia, de ellos, 8 de cada 10 padecen Enfermedad de Alzheimer.
Definamos primero lo que significa Demencia, se trata de una enfermedad cerebral en donde por diversas causas se van deteriorado las funciones ejecutivas tales como atención, concentración, memoria, orientación, síntesis, abstracción, juicio de realidad, afectando en forma significativa y después, en forma grave el funcionamiento general de la persona ; con la evolución del deterioro, progresivamente todas las demás funciones cerebrales superiores se van perdiendo, al final, sea por una enfermedad asociada o por sí misma, es causa de mortalidad.
En cuanto a causas, son varias las más importantes, puede ser debido a un accidente vascular cerebral (sea hemorragia o trombosis), sobre todo de cierta extensión o porque ha sido en repetidas ocasiones, puede ser por ateroesclerosis que frecuentemente lleva a problemas vasculares; puede ser como resultado de una neuroinfección; por “efecto de masa” como en un tumor benigno de crecimiento lento o por hidrocefalia (acumulación del líquido cefalorraquídeo en los ventrículos cerebrales); puede ser por traumatismos cráneoencefálicos importantes o repetidos (como el caso de los boxeadores y jugadores de futbol americano); puede ser por alcoholismo o drogas de abuso (por el efecto tóxico que tienen), pueden ser por enfermedades neurológicas como la Demencia por Cuerpos de Loewy o la Demencia Fronto-Temporal; puede ser por situaciones carenciales (nutricionales), sobre todo por falta de vitamina B12 o por casusas metabólicas relacionadas a diabetes o problemas frecuentes de electrolitos, sobre todo Calcio y Sodio o por la Enfermedad de Alzheimer, que ya mencionamos es la causa más frecuente, ya que entre todas las primeras causas mencionadas solo distribuimos el 20% de los casos de Demencia.
Me dirán algunos que no he mencionado a la famosa “Demencia Senil”, lo que representa una expresión del lenguaje común pero que no tiene significado médico alguno, me explico: la edad por sí misma no es un factor que produzca demencia, si una persona cumple 100 años y no tiene ninguna de las enfermedades mencionadas en el párrafo previo, no tiene porqué desarrollar una Demencia por haber cumplido esa edad, o sea, si una persona de 50 años o de 75 años desarrolla un demencia por un accidente vascular cerebral, su Demencia es de tipo Vascular, si es por una enfermedad neurológica, su Demencia será de tipo Fronto-Temporal, por poner un ejemplo; si su Demencia es por Enfermedad de Alzheimer, entonces ese será su diagnóstico. Debido a lo anterior, por favor, quiten de su personal “diccionario de salud” el concepto “Demencia Senil”, dado que se trata de un término que no expresa nada en concreto ni en forma correcta por las razones ya explicadas.
La Enfermedad de Alzheimer ha sido objeto de una investigación muy amplia desde hace décadas y se han intentado desarrollar decenas de tratamientos sin éxito aún, hace dos años la FDA (agencia regulatoria de medicamentos de los Estados Unidos) aprobó uno para la disminución de la velocidad del deterioro en un proceso muy polémico, un año después, la EMA (agencia regulatoria de medicamentos de la Unión Europea) se los negó por considerar que no tiene aún la evidencia suficiente para tal efecto. Todas las plataformas de desarrollo de estos tratamientos tienen como elemento común la acumulación de las llamadas Placas de Amiloide en el cerebro de los pacientes que desarrollan este tipo de Demencia. Estas placas se forman de una proteína de deshecho del metabolismo neuronal que no es adecuadamente eliminada del cerebro de estos pacientes, sea por causa genética (alrededor el 1% de los casos) o por factores relacionado al estilo de vida de la persona y a las enfermedades adicionales que padezca (también llamadas comorbilidades). Así, el sedentarismo, una mala nutrición, el colesterol y triglicéridos elevados, fumar, consumo en cantidades importantes de alcohol, drogas de abuso, fumar como hábito, la presión arterial elevada sin control, la obesidad, la baja escolaridad, el desarrollo de pocas actividades de estimulación intelectual, el aislamiento, relaciones interpersonales de baja calidad, la depresión crónica y un largo etcétera están asociados al depósito progresivo de esas placas de amiloide que representan uno de los signos característicos del Alzheimer.
Esta placas producen un efecto inflamatorio en el cerebro en el exterior de las neuronas y como consecuencia del mismo, estas también se inflaman en su interior, produciéndose lo que se llama la activación de la proteína Tau que mantiene unidos a los microtúbulos dentro de las neuronas (son el equivalente a los “caminos” de transporte de substancias esenciales para el funcionamiento neuronal), al grado que se deforman, forman “ovillos” y dejan de funcionar, una neurona así afectada termina muriendo después de unos años y el círculo vicioso del deterioro de la Enfermedad de Alzheimer se cierra, deteriorando progresivamente nuestras funciones cerebrales superiores.
La mejor manera de contender con el riesgo que todos tenemos de padecerla es prevenirla, es decir, evitar en todo lo posible, los factores de riesgo descritos en el párrafo previo al anterior; en el caso de la Enfermedad de Alzheimer, es la administración que hayamos hecho de nuestra vida lo que determinará a final de cuentas si la vamos a presentar o no. Por supuesto que nunca es demasiado tarde para empezar a cuidar nuestra salud, así que es importante estar conscientes de que tenemos acciones preventivas posibles en nuestras manos y que debemos poner en práctica a la brevedad posible.
Me despido por el momento deseándoles una semana feliz y productiva, saludo cordial.

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