La pandemia que vivimos es la cuarta en los veinte años de este siglo XXI, en 2003 fue SARS, en 2005 fue MERS, en 2009 H1N1, en la cual México fue país de origen y en el 2020 COVID-19. Las tres previas fueron contenidas con mayor éxito que la actual porque la vigilancia epidemiológica funcionó y los países en el mundo reaccionaron mejor, escuchando a las autoridades sanitarias internacionales y locales. Como sea, es asombroso ver que nuestras respuestas semejan mucho las que tuvimos en la Edad Media, durante la llamada Peste Negra o Bubónica, en donde se originó la palabra Cuarentena, la cual proviene del latín Quadraginta, que significa cuatro veces diez y palabra que, al ser aplicada en las técnicas empíricas de salud pública en la Venecia del siglo XIV, se transformó al italiano Quaranta Giorni, que significa cuarenta días. No existe una razón científica conocida para la determinación de este periodo de aislamiento para una cuarentena, pero la explicación prevaleciente, por descarte, es que prácticamente todas las enfermedades infecciosas tienen un periodo de incubación menor a 40 días, exceptuando las de incubación ultra lenta y que afortunadamente son raras.

Para el SARS-CoV 19, el periodo de incubación es de dos semanas, es decir, desde la infección hasta el inicio de los síntomas, tiempo en el que ya se es infectante; luego dos a tres semanas de síntomas para el 80% que tienen la mejor evolución, en donde también el paciente es infectante, suman un mes y hasta 5 semanas, así que la cuarentena clásica cubre este periodo crítico para evitar contagios a otras personas.

En la Edad Media no tenían pruebas diagnósticas y a quien ponían en cuarentena era a los enfermos, no a los sanos, de ahí que el mecanismo no era ineficiente pues muchos sanos después se infectaban por las picaduras de las chinches de las ratas que eran el vector de transmisión del Chlostridium Botulinum, que fue la bacteria causante de la enfermedad y no se transmitía de humano a humano; con las mejoras en urbanización, en sanidad e higiene, las ratas disminuyeron gradualmente y desaparecieron. Con COVID-19, el vector somos los seres humanos y la mejor forma que tenemos de controlar al vector es aislándolo, de ahí la llamada estrategia de Aislamiento Social Voluntario en el mundo occidental porque nuestra tradición de libertades ganadas con la democracia hace muy complicado prohibir tajantemente que nadie salga de su casa, situación muy diferente en naciones asiáticas con otro tipo de cultura social y política que sí permite el aislamiento absoluto y repentino de ciudades enteras, como lo fue Wuhan en China por 46 días. Sin embargo, aunque sea voluntario, afecta drásticamente la vida cotidiana, la interacción social y la economía, generando problemas colaterales al sanitario irremediablemente.

No sabemos aún si el COVID-19 va a dejar inmunidad permanente en quienes ya lo hayan padecido, porque se tienen reportes de reinfecciones, así que lo mejor para prevenir la enfermedad será la vacunación específica, que está en proceso de investigación actualmente. Según la revista Science, 77 vacunas están siendo investigadas y 6 ya iniciaron pruebas en humanos, lo que implica la Fase 1 de desarrollo clínico y son 3 fases para que pueda llegar a ser aprobada por alguna autoridad regulatoria en el mundo. La Fase 1 es en Voluntarios Sanos, La Fase 2 en Pacientes en Riesgo y la 3, en el caso de vacunas, en un gran número de personas en población abierta y con seguimiento; en síntesis, habrá vacuna en un periodo entre seis meses y un año más. La siguiente alternativa terapéutica es tener algún medicamento o varios, que permitan el tratamiento de casos, tanto en fases iniciales para hacer más benigna la evolución, como medicamentos que permitan un mejor pronóstico a pacientes con las formas graves de la enfermedad; el desarrollo de los ensayos clínicos para demostrar su eficacia y seguridad se encuentra en marcha.

Lo anterior nos hace reflexionar sobre el proceso de regreso a las actividades cotidianas. Aún por delante tenemos las semanas de mayor número de contagios, o sea, la segunda y tercera de mayo y luego el proceso de regreso, con mucha cautela y en forma progresiva para evitar una segunda ola de contagios que nos aislaría otra vez. 

Vamos a dejarlo aquí por esta semana y continuamos con el tema de las alternativas de regreso en la próxima, saludo cordial a todos, HD.

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