Improvisar nunca había sido un concepto que utilizara en mi estilo personal, lo he admirado y apreciado en el Jazz y en algunas otras expresiones de arte, pero siempre había tratado de mantenerlo al margen cuando de cuestiones profesionales se trata.

   Reflexionando sobre las experiencias de los dos últimos años, resulta que el concepto ha sido un reto cotidiano: no solo ha sido parte de mi realidad habitual, sino que ha sido un reto cómo implementarlo con más eficiencia; así, hubo que dilucidar cómo iba a mantener activo un consultorio que debía cerrar por seguridad sanitaria, cómo iba a mantener una presencia en dos ciudades diferentes cuando uno de los retos era apoyar a los padres ancianos, cómo mantenerse actualizado y en comunicación con nuestra red social mientras no nos podíamos reunir con seguridad, cómo cumplir con la responsabilidad de una Sociedad Médica de la que tuve que hacerme cargo en medio de la pandemia y así sucesivamente; la respuesta en corto fue: ¡improvisando!, usando los recursos a mi alcance de la manera más eficiente posible, acortando distancias cada vez que se podía, actuando con un sentido común educado, lo mejor posible, para el reto en cuestión.

   Después de dos años de lo anterior, puedo decirles que la improvisación orientada a la solución de problemas complejos, cuando se conjunta con la necesidad y con buena información y medios digitales, funciona, lo hace en forma eficiente y ayuda a resolver problemas.

   Cuando analizo los tiempos que corren, me percato que mi versión de las cosas es parte de una melodía que el mundo ha tenido que interpretar en una escala macro, así es como me explico las medidas con mayor o menor éxito en la pandemia en el mundo, tanto sanitarias como económicas, políticas, sociales, de comunicación y un largo etcétera; lo cierto es que ante una situación de emergencia global, con un nivel enorme de incertidumbre, quien ha improvisado mejor, ha actuado mejor y obtenido los mejores resultados: nadie tenía el manual de qué hacer, se tenía información y se tenía experiencia de situaciones previas, pero nadie sabía que hacer, se improvisó y quien lo hizo mejor, al estar basado en evidencia o tener un mejor contrato social o usar en forma sabia sus recursos, ha obtenido los mejores resultados en forma empírica, es decir, sin experimentación previa o con la mínima prueba experimental necesaria.

   Un ejemplo de lo anterior son las vacunas anti-COVID19 que han logrado en algunos países llevar al número de personas necesario al umbral de inmunidad de rebaño que permite el control de la enfermedad y la convierte en una enfermedad estacionaria y dejar de ser una enfermedad epidémica.

   Entonces, mi concepto sobre improvisar ha cambiado en forma categórica, ha dejado de estar en la categoría de lo informal para elevarlo al rango de una capacidad cognitiva que debe desarrollarse para poder contender con los retos relevantes e imprevistos de nuestra realidad actual, siempre y cuando esté orientado por un sentido común educado, por la prudencia y por un “juego limpio”, es decir, respetando las reglas.

   Todo este tren de reflexiones nos ha llevado a decantar en algunos conceptos básicos que hemos desarrollado hasta el momento: “poner en orden la casa”, cuidar celosamente nuestro tiempo e improvisar apropiadamente, como herramientas básicas del área de la Salud Mental para conducirse en este océano tempestuoso en que se están convirtiendo los tiempos modernos.

   Les deseo una excelente y productiva semana, reciban un saludo cordial, HD.

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