Buen día. En esta ocasión el tema a desarrollar es sobre una patología que cada vez atiendo con mayor frecuencia en la consulta y que está relacionado específicamente con el trabajo.

  Me refiero al llamado Síndrome del Trabajador Quemado o Burnout, al que se le describe una tríada de manifestaciones que lo caracterizan:

– Agotamiento emocional y físico, con una experiencia de drenado en todos los recursos que le permiten llevar a cabo en forma eficiente su trabajo.

– Despersonalización o cinismo, en donde la persona se vuelve distante, negativa y hasta indiferente de aquél a quien debiera ayudar y con su trabajo en general.

– Reducción de la realización personal, manifestada por la experiencia de perder su eficiencia en el trabajo, la sensación de pérdida de sentido en el esfuerzo que implica y la pérdida de su autoconfianza. 

  Es frecuente que además experimente culpa por todo lo anterior, lo cual cierra y empeora el círculo vicioso.

 

  La OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos), que engloba a 36 países en la actualidad y de la cual México es parte, calcula que la forma más grave de desgaste profesional, el llamada Burnout o Síndrome del Trabajador Quemado representa para cada empresa, por cada empleado afectado, una pérdida de entre 4,000 y 21,000 dólares anuales por trabajador quemado (Forbes, mayo 2025).

  El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), a través de su Primera Jornada sobre Factores Psicosociales de Estrés y Salud Mental en el Trabajo en el año 2018, llegó a la conclusión de que el 75% de los trabajadores en México, independientemente de su empleo, padece de “Fatiga por Estrés Laboral”, anotando que la cifra es superior a la que comunica China o los EEUU     (https://www.imss.gob.mx/salud-en-linea/estres-laboral/primer-jornada).

    Cuando llegan a la consulta, los pacientes presentan síntomas que semejan un Trastorno Depresivo Mayor, pero en la entrevista, queda claro que el componente afectivo es secundario y que se trata de un paciente extremadamente agotado.

  Han pasado 50 años desde que se publicó el primer artículo sobre el Trabajador Quemado (Burnout), pero aún no se considera una patología clínica, es decir, no se considera que la persona se ha enfermado de algo; sigue estando del lado estrictamente laboral, lo que seguirá manteniendo a este campo sin la investigación clínica y epidemiológica necesaria para comprenderlo mejor, prevenirlo y tratarlo en forma adecuada para que no se complique. 

  Por ahora, lo que podemos hacer es identificarlo y hacer las recomendaciones estrategias de descanso, equilibrar la vida personal y laboral, cambio de hábitos de vida como horas y calidad de sueño, alimentación, activación física y manejar farmacológicamente cuando se ha complicado y es necesario este tipo de tratamientos.

  Lo anterior es un tema de reflexión profunda en nuestro momento actual, en donde la demanda por productividad y la competencia laboral están en incremento constante en un contexto de remuneración entre escasa y moderada. Tengo compañeros médicos que trabajan dos tiempos completos en dos diferentes instituciones de salud, además de su consulta privada y estoy seguro que muchos de mis amables lectores tendrán ejemplos equivalentes en sus distintos campos laborales; trabajar así va a mermar la productividad y la salud de la persona en el tiempo ineludiblemente.

  Existe una etapa previa en este problema de la patología de la salud mental y física causada por razones laborales que vamos a tocar en la próxima Entrega, es la Fatiga por Compasión, nuestro tema en la próxima.

  Les deseo una excelente semana, reciban un saludo cordial, HD.

 

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